Thursday, April 21, 2011

La Oración y La Fe

“Sin fe es imposible agradar a Dios”
Con este versículo La Escritura claramente nos declara como agradar a Dios.  Primeramente sabemos que la fe es la que nos lleva a creer en el Hijo de Dios. Esta fe es dada por el Padre, no de nosotros mismos para que no nos gloriemos. Con esto en mente sabemos que agradamos a Dios cuando creemos que Jesús el Cristo es el Unigénito hijo de Dios y Redentor de la humanidad. Otra forma de agradar a Dios es cuando oramos con fe. La oración sin fe no abre el cielo.  Podemos decir que la oración es la llave al cielo, pero la fe abre la puerta del cielo. La oración que no lleva fe, es una oración sin convicción.
Hebreos 11:1 nos dice que la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Por lo tanto la oración debe estar ungida con fe. Si oramos sin fe no creemos que lo que estamos pidiendo es posible. Todo es posible si puedes creer, pero creer con fe. Jesús mismo nos mandó a orarle al Padre en Su nombre, en la fe que tenemos en El, y veremos los muros caer y la gloria de Dios revelarse.
Notemos que cuando oramos con fe se siente una unción y una autoridad en nuestra oración que sentimos que derribamos montañas y cancelamos potestades. La oración llena de fe es una oración que rompe yugos y podemos sentir que los muros caen y las cadenas se rompen.  Es como si los cielos se abrieran y estamos rodeados bajo la nube de Dios. Al contrario cuando oramos por orar, mejor dicho sin fe, la oración no pasa “del techo.” Esto sucede mucho cuando oramos para ser vistos.
Cuando oramos con fe se siente en el espíritu. Sentimos la paz de Dios que reemplaza la tristeza, y las lágrimas que derramamos son lágrimas de gozo. Las tinieblas tienen que irse y toda potestad que nos agobia tiene que desaparecer. Nuestro espíritu es libre para orar con autoridad y firmeza porque oramos con el entendimiento. Debemos orar y pedir con fe para obtener la victoria y ver los cielos abiertos.

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