Wednesday, May 11, 2011

“A ti, oh SEÑOR, elevo mi alma”

En el Salmo 25 David le expresa a Dios su dependencia en El.  David tenia la revelación de que solamente en Dios podemos confiar.  En sus momentos de aflicción David recorría al único que podía fortalecerlo y darle paz en medio de sus tribulaciones.  David fue un hombre sabio.  El sabía a quien ir en tiempo de angustias.  “A ti, oh Señor, elevo mi alma.  Dios mío en ti confió” (25: 1-2).
Estos son tiempos donde la iglesia de Jesucristo debe adaptar esa revelación.  Donde la única solución a estos tiempos es Cristo.  No podemos estar como el mundo en angustias y quebrantos.  Debemos testificar que confiamos en el único Dios verdadero.  Nuestra actitud ante las situaciones presentadas va a decirle al mundo quien es nuestro Dios.  Proclamamos a Jesucristo como Rey.  Entonces debemos vivir confiando que El tiene TODO dominio y poder.  Cantamos “Jesucristo es Rey” pero, ¿estamos creyéndolo nosotros? ¿Su iglesia? Si Su iglesia tiene dudas, ¿cuánto más el mundo?
Jesús nos advirtió de antemano que los tiempos venideros iban a ser difíciles, ¿no es eso lo que estamos mirando y viviendo? Entonces, no debemos extrañarnos de ver lo que está pasando en el mundo.  Deberíamos sentirnos honrado que estamos siendo testigos de lo profetizado por Jesucristo.  Mirando todo esto deberíamos aferrarnos más a Sus promesas y tratar de andar como El anduvo.  Sus profecías se están cumpliendo, ¿no se cumplirán también las promesas dadas a la iglesia por El, de que iba a preparar lugar para nosotros en los cielos?  El Señor nos advirtió de los tiempos por venir, pero también nos dijo que confiáramos que Él había ya vencido.  ¿Podemos entender esa frase iglesia? ¡Nuestro Señor y Salvador YA venció, de antemano, las tribulaciones que íbamos a pasar! Las tribulaciones futuras que iba a pasar la iglesia han sido vencidas por nuestro Señor.  ¡Regocijémonos en esa verdad!
No estamos solos iglesia.  Aunque a veces nos sentimos como si el Señor nos ha olvidado. El Espíritu Santo está con nosotros.  Él es quien nos fortalece; quien nos recuerda lo dicho por Jesucristo para que nos animemos y sigamos confiados en la carrera. Es cierto que estaremos peleando batallas hasta que Cristo venga por Su iglesia.  Confiemos que El ya gano cada batalla y sobretodo la guerra.  Recordemos como el Padre gano las batallas y guerras de Israel.  Lo único que el Padre requiere es obediencia y confianza en El. Que hagamos como David, reconociendo la magnificencia y soberanía del Padre.  Porque “no es con espada ni con ejércitos si no con Su Santo Espíritu” que venceremos.  Debemos darle honra al Espíritu Santo.  A Él lo honramos cuando en medio de la aflicción nos mantenemos firmes, sabiendo que El está ahí para dirigirnos y consolarnos.  Honremos al Espíritu Santo iglesia.  Reconozcamos Su poder en nosotros y por nosotros…NO ESTAMOS SOLOS.
 

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