Saturday, December 28, 2013

Predicar con Excelencia


(Juan 4:4-26)

El pasaje de Juan 4 del 4-26 relata el encuentro de la mujer Samaritana con Jesús. A Jesús “le era necesario pasar por Samaria” (v.4). ¡Qué hermoso que el Maestro se interesa por UNA alma! ojala todo Predicador, Pastor, hijo de Dios tuviera ese sentir; ¡el sentir que hubo en Cristo! Predicar sin importar la cantidad de personas, ni el lugar de la predicación. La predica de este pasaje bíblico es una de las más influyente, significante predicas dada por Jesús. Es aquí donde ¡El revela su identidad! Jesús se acerca a una mujer, pero no solamente a una mujer, sino a una ¡samaritana! Y se dio a conocer a ella; El revelo su secreto íntimo a esta mujer no aceptada por el Sanedrín. Jesús rompió todos los parámetros sociales ya que los samaritanos y judíos no se llevaban entre sí. ¡Que predica/mensaje de poder fue el que el Maestro predico en esta historia bíblica! Y se la predico a ¡UNA SOLA PERSONA!
El Cristo de la gloria vino a la tierra, dejando Su casa, familia, gloria para reconciliar al hombre con Dios mediante Su sacrificio en la cruz ¡Único sacrificio aceptado por el Padre! No existe otro camino o sacrificio para reconciliar al hombre con Dios...SOLO la sangre de Jesucristo lo hace posible!
Jesús se humillo y vivió en humildad por amor a la humanidad. El no escatimo Su propia vida para congeniar la relación entre Dios y el hombre. Jesucristo es el ejemplo perfecto de amor y humildad. ¿El Maestro serle necesario pasar a salvar un alma? Jesús preparo el ambiente (enviando a Sus discípulos a comprar alimento) para estar a solas con esta hija de Abraham que necesitaba ser liberada, sanada y restaurada. En realidad Él  no tenía hambre física, sino hambre espiritual, hambre de ministrar esa vida. Esto se observa cuando los discípulos regresaron y Él no comió  y le respondió: Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.32 Él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.33 Entonces los discípulos se decían entre sí: ¿Le habrá traído alguien de comer?34 Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra” (Juan 4:31-34). Jesucristo siempre estuvo, mientras vivo en el planeta tierra, y aún continúa intercediendo al Padre por la humanidad; deseando que todos vengan al arrepentimiento y se añadan a la familia del Reino Celestial. Por lo tanto, el Salvador del mundo, Jesucristo, haría lo que fuera necesario por la salvación de UN alma.
Algunos no quieren predicar a una audiencia pequeña. Solo le interesa cuando son invitados a grandes audiencias. Estos muchas veces cambian el mensaje el Espíritu Santo le ha dado de antemano cuando se dan cuenta que no hay muchas personas presente. Contrario a esta actitud es Jesucristo. Él desea que tratemos toda audiencia con el mismo anhelo y alegría, así como Él le predico y se revelo a la samaritana. Nunca sabremos a quien predicamos. Pueda ser que le estemos predicando a un Pablo, Isaías, Jeremías, Abraham, Jacobo, Josué, Samuel, etc. Rara vez sabemos los resultados de nuestras predicas; de ese mensaje el Espíritu nos llevó a enseñar.  Debemos ser sensibles al espíritu y ver cada persona como necesitada de una ministración del Espíritu.  Sin importar que se esté predicando a una audiencia de pastores, ministros, siervos, ovejas, gobernantes, príncipes, de ambulantes, etc. Todo estamos en necesidad de una ministración y visitación personal del Espíritu Santo. Por lo tanto, cuando el Espíritu Santo insta a un mensaje, aunque en ese momento no observemos o se testifique del resultado del mensaje en las vidas de los oyentes/audiencia, debemos proseguir con la misma energía y entusiasmo. El Espíritu es el único que sabe la necesidad personal de todo oyente presente. Dejémonos guiar por el Espíritu y no permitamos que la mente divague a nuestro propio entendimiento.  Satanás lo que desea es contristarnos y desanimarnos para que no continuemos llevando el mensaje de Jesucristo a las vidas, para arrepentimiento, sanidad, liberación, edificación y consagración. Siempre tengamos en cuenta que la Palabra leída NUNCA retorna vacía. El Espíritu se encarga de hacer que esta actúe en el necesitado. Solo prediquemos el mensaje de Jesucristo, a una o millares de personas, con el mismo amor, pasión, entusiasmo, carisma y dedicación, sin importarnos la cantidad o calidad de los oyentes. Jesús nos encomendó llevar Su mensaje, sembrar la semilla, ¡el Espíritu se encarga de producir los frutos!
¡Prediquemos el mensaje del Maestro sin cesar ni mirar a quien!

 

 

 

 




 
 
 
 
 

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