Sunday, April 3, 2016

Esperando contra toda esperanza

En estos tiempos de incertidumbres el hombre espera resolver los problemas mundiales en su propio entendimiento y humana sabiduría. El cristiano leedor de La Escritura esta percibido, reconociendo que estos problemas mundiales ya estaban pronosticados por Dios. Mateo 24 relata estos tiempos, al igual que el libro de Revelaciones o Apocalipsis. La Biblia habla del terror que vivirá la tierra en los tiempos antes de la segunda llegada del Mesías.  Dios en su misericordia revela al ser humano de estas cosas para que este prevenido, y a la vez se arrepienta de su mal proceder, reconociendo, como Nabucodonosor, que El es el único Dios verdadero. Es estos tiempos, al igual que en los del Antiguo Testamento, donde la esperanza desmaya, Dios provee la solución.  Esta es simple y no ha cambiado, regresemos a Él. Ya El proveyó la forma de hacerlo, Jesucristo Hijo.

El terrorismo está incrementando causando miedos y temores extremos en el individuo. El terror incapacita causando problemas sicológicos y físicos. El individuo vive en constante miedo y preocupación y no tiene paz. La injusticia predomina. El débil sigue siendo abusado y maltratado y no parece haber justicia. El suicidio, las drogas, los robos, la lascivia y homicidios son actos comunes. Solo la fe en Cristo puede amparar al individuo de las secuelas del terrorismo y persecución satánica. Solo en Cristo se puede esperar cuando todo parece acabar. La Biblia relata que los justos difícilmente se salvaran (1 Pedro 4:18). Eso siendo cierto, ¿cómo podrá el impío sobrevivir la peste mundial? Habacuc, José, Sofonías, Jeremías y otros hombres destacados en La Biblia vivieron periodos que parecían desperanzados. Recibieron la fortaleza de Dios con promesa de restauración y continuaron hacia adelante creyendo las promesas. Ellos creyeron a Dios y no permitieron que el terror de su época los consumiera.  

La Iglesia de Jesucristo también debe mantener la esperanza cuando todo se ve entenebrecido y oscuro. Los hombres fieles del Antiguo Testamento tenían al Padre que le comunicaba lo por venir. La Iglesia tiene al Espíritu Santo que revela el corazón del Padre y el Hijo. El Espíritu Santo vive en y con los creyentes para fortalecer, revelar, notificar, alentar, consolar, redargüir y muchas otras bendiciones que Su presencia provee (leer Efesios, Corintios). La esperanza debe permanecer en el corazón del creyente, aun cuando las cosas no van bien (de acuerdo al individuo), aun cuando los hijos y familiares parecen totalmente renuentes a la fe en Cristo. Salmos 27:3 afirma: “Aunque un ejército acampara contra mí no temo; aunque me hicieran la guerra, me sentiría seguro” (v. BLA). Habacuc se desespero observando cómo progresaba el impío mientras que los justos sufrían. En su tiempo se vive un momento difícil a escala nacional. El pueblo bajo opresores injustos; opresores sin ley. El pueblo que no tenía derecho, estaba subyugado bajo el impero Asirio, Babilónico y Caldeo. Habacuc no entendía el propósito de Dios para Su pueblo, por lo tanto su corazón perecía de tristeza y dolor. Solo cuando recibió la visión divina su alma se reanimo. Habacuc entonces empezó a mirar con ojos espirituales y recobro fuerzas. Después de recobrar animo espiritual, este entono himnos y canto alabanzas y miro el futuro ya conquistado por Dios (cap. 3 de Habacuc).

Esperar en Dios requiere fe tenaz. Esa fe que sobrepasa toda prueba y entendimiento. La Biblia expresa que la fe aumenta al oír la palabra de Dios, y considero que incrementa a un grado mayor cuando escuchamos directamente de Él, así como sucedió a Job, Habacuc, Moisés, Abraham, Jacob y a otros.


Los tiempos de la Iglesia no son diferentes a la época que vivieron esos grandes hombres de Dios, grande porque le creyeron. Jesús dio señal, con su propia vida, de los sufrimientos sus seguidores iban a experimentar. También detalló las pruebas y tribulaciones que habían de venir (los evangelios de Mateo y Juan relatan a exactitud) y como la Iglesia iba ser atormentada debido a la persecución. Pero así como El venció al mundo también la Iglesia vencerá, si confía en El (Juan 16).  Jesucristo es la esperanza del creyente. Sus promesas son verdaderas y se cumplirán. El fue a preparar lugar para aquellos fieles que vencerán. Las mansiones están preparadas para aquellos que le creen y esperan Su venida. En El podemos esperar contra toda esperanza!

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