Monday, January 2, 2017

Discerniendo La Tormenta

“Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: ¡Cálmate, sosiégate! Y el viento cesó, y sobrevino una gran calma” (Marcos 4:39 v. LBLA).

“Y el SEÑOR desató sobre el mar un fuerte viento, y hubo una tempestad tan grande en el mar que el barco estuvo a punto de romperse” (Jonás 1:4 v. LBLA).

1 Juan 4 exhorta escudriñar los espíritus. Este capítulo del Nuevo Testamento no debe leerse a la ligera. Enfatiza el Espíritu de Dios y el espíritu del anticristo y como identificarlo. “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (v.1). Es de buen sabio recordar la Creación, como Dios la hizo perfecta y como satanás se infiltro ocasionando confusión. Este engendro duda, causando que Eva desobedeciera; esta luego incito Adam a desobedecer, así provocando la ira de Dios y la salida del Huerto del Edén.
Desde el principio de los tiempos podemos leer que todo lo que Dios hace satanás desea destruir. Este frecuentemente usa el medio de la confusión (se ve real pero no es). Imitando lo de Dios y creando lo falso. Este imita de forma fraudulenta, haciendo creer que es real y valorable, para confundir al hombre. Sin discernimiento de espíritus, fácilmente se toma lo falso como si fuera real. Muchos entienden este concepto ya que algunos han sido engañados comprando lo falso que parecía real. Pero solo después de la inversión se dieron cuenta que habían sido engañados. De igual manera se presenta satanás y sus demonios. Aun en las reuniones santas se infiltran provocando discusiones, disensiones y hasta divisiones. Esta última es la meta de satanás, desunir al Cuerpo de Cristo para que se debilite y poderlo atacar y vencer. El que tenga oídos oiga lo que el Espíritu habla en este capítulo de 1 Juan 4.
            Las tormentas espirituales entristecen el Alma y debilitan el espíritu del hombre. Unas vienen para destruir y otras para construir. Los versículos que hacen referencia a esta escritura (Marcos 4:39 y Jonás 1:4) muestran dos tipos de tormentas. Una desatada por satanás (Mr 4:39) y la otra enviada por Dios (Jonás 1:4). Satanás deseaba incitar miedo, temor, duda, mientras que Dios deseaba que Jonás regresara e hiciera lo que Él le encomendó. Dios desea entrarnos en Su obediencia así recibiendo sus bendiciones. La tormenta satánica se reprende en el nombre de Jesús y esta “calla y enmudece.” La tormenta Divina no se puede reprender porque viene de Dios. por lo tanto, es de suma importancia discernir las tormentas de la vida; esas que nos llegan desprevenidos. A veces las decisiones que tomamos traen consecuencias negativas, pero estas no son desprevenidas ya que tomamos parte en ella. Aquellas que suceden sin involucrarnos, debemos orar para discernirlas. Jonás tomo una decisión equivocada, tuvo consecuencias y solo tuvo que pedir perdón y enderezar sus pasos al orden de Dios. Los discípulos tuvieron que acudir al Maestro ya que no podían controlar la barca en su propio conocimiento y fuerza. Debemos recordar que la mayoría de estos eran pescadores y se deduce que habían experimentado varias tormentas de mar. Esta era diferente. Tuvieron que acudir a Jesús. Solo Jesús entendía que era una tormenta “contraria” por lo que reprendió y ordeno.
            Cuando lleguen tormentas a nuestra vida, debemos buscar la dirección de Dios y esperar que el Espíritu Santo ministre, ayudándonos a discernir si pedir perdón o reprender y ordenar. No reprendamos a la ligera. Muchos todo lo reprenden, en especial cuando esto le causa tristeza, miedo, angustia. Nuestro Señor desea que lo involucramos en todo nuestro sentir, con esto actuando de forma Divina, ya que somos guiados por el Espíritu Santo. Muchas veces satanás desea detener victorias en nuestro caminar con Cristo. Cuando tormentas satánicas se levantan, es importante conocer el porqué de esas tormentas. Marcos 5 muestra que después de la tormenta, ellos pasaron al otro lado y llegaron a una ciudad de Decápolis, donde estaba el gadareno endemoniado que le salió al encuentro. Recordemos como este fue libre y regreso (por orden de Jesús) a evangelizar su familia y país. Leyendo el pasaje, entendemos que este hombre estaba bien atado por satanás, y “moraba en los sepulcros.” Con esto podemos deducir, que satanás trato de incitar miedo y temor en los discípulos para que no llegaran “al otro lado.” Él sabía que en el momento los demonios tuvieran un encuentro con Jesús iban a ser revelados, atados y echado fuera de los endemoniados. Así liberando a muchos, los cuales irían a testificar de Jesús y la llegada del Reino de Dios a ese lugar.
La finalidad de las tormentas contrarias es incitar miedo, temor, causando que se retroceda o detenga un proyecto. Nehemías no hizo caso, ni tuvo miedo de los incitadores que le ordenaban dejar el proyecto de la obra de reconstrucción del muro (Nehemías 4). Nehemías oro y reprendió mientras continuaba la obra (4:4). Este prosiguió sabiendo quien lo envió y respaldaba. Cuando Dios envía algún lugar o una obra, siempre se levantará tormentas contrarias. Es necesario mantener una comunión con el Espíritu Santo para ser iluminados y guiados actuar.
Cuando se discierne la tormenta, el tiempo que dedicamos a ella es mejor utilizado; concentrado y enfocado; sea pedir perdón y regresar a Dios, o reprender y ordenar. 

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