Monday, December 11, 2017

Sabiduría Divina


Todos los caminos del hombre son limpios ante sus propios ojos,
pero el Señor sondea los espíritus (Proverbios 16:2).

Los ojos de Jehová observan todo lo que sucede en la tierra. Para El nada es invisible. El Espíritu de Dios escudriña hasta lo más íntimo del ser. El libro de Ezequiel muestra y relata las abominaciones del pueblo de Dios, los cuales creían que Dios ya no miraba su proceder. Ezequiel 8 relata a Jehová observando lo que sucedía en el Santuario detrás de las cortinas y paredes. Las idolatrías y aversiones del corazón del pueblo.  El rey David clamaba “¿a dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a donde huiré de tu presencia?” (Salmo 139:7). No existe lugar oculto para los ojos de Dios. imprudente y falta de sabiduría aquel que no lo cree. Pero los ojos de Jehová no solo miran el proceder de Su pueblo “rebelde,” también observa toda Su creación. Él se pasea por la tierra y contempla el proceder de los hombres. Tristemente, muchos cristianos aun caminan en su propio entendimiento, creyendo que los ojos de Dios desconocen su caminar.

“El Señor sondea los espíritus” (Proverbios 16:2). Esto aplica a toda Su creación, creyentes y no cristianos. Dios toma nota de todo el proceder del hombre para luego mostrar evidencias en el juicio final. Ezequiel 12 refiere a un pueblo rebelde, aunque tiene la ley y los profetas con ellos, no oyen ni ven: “Hijo de hombre, tú habitas en medio de casa rebelde, los cuales tienen ojos para ver y no ven, tienen oídos para oír y no oyen, porque son casa rebelde” (v.2). Jehová escuchaba todo lo que el pueblo comentaba y pensaba y lo revelaba al profeta, luego enviaba reflexión al pueblo a ver si se convertían de su mal camino (la misericordia de Dios nos expone para arrepentimiento y conversión). Dios escucha los pensamientos y mira las acciones de cada individuo y lo pesa. Proverbios 21:2 dice: “Todo camino del hombre es recto en su propia opinión; Pero Jehová pesa los corazones.” Jehová amonesto a Israel por tales acciones, andar en su propio entendimiento, también reprueba tales actitudes en nuestro tiempo. Proverbios 28:26 declara que “el que confía en su propio corazón es un necio…” el pueblo de Dios perece por falta de sabiduría Divina.

La sabiduría humana incrementa mientras suprime la sabiduría Divina. Eclesiastés, Salmos y Proverbios compendian inmenso material de sermones, reflexiones y advertencias acerca de la sabiduría y su importancia en el proceder cristiano. La necedad del hombre, queriéndose hacer sabio, lo lleva a perdición, mientras que sabiduría Divina libra de necedades humanas (proverbios 28;26b). Jeremías 9:23 exhorta a no gloriarse de sabiduría humana, mucho menos del poder adquirido, incluyendo riquezas, más bien debemos gloriarnos en conocerle a Él (Jehová). En ese mismo tono, 1 corintios advierte: “Nadie se engañe a sí mismo. Si alguno de vosotros se cree sabio según este mundo, hágase necio a fin de llegar a ser sabio” (3:18-20). Rechazar el conocimiento de Dios y Su sabiduría conduce al fracaso. Oseas 4:6 amonesta acerca de esta actitud, rechazar el conocimiento de Dios, y describe las consecuencias de esta acción. El pueblo de Israel fue disciplinado por abandonar el conocimiento de la Ley de Dios, siguiendo cada uno su propio entender. El libro de Ezequiel es un excelente manual para evitar tales acciones y actitudes. Estos libros (AT) son guía para nuestro conocimiento. No debemos ser sabios a nuestros propios ojos, debemos temer al Señor y apartarnos del mal (Proverbios 3:7).

Salomón intercambio la sabiduría Divina por los deseos carnales. Al final de sus anos entendió y comprendió su error. Por lo tanto, en sus libros (Eclesiastés y Proverbios) exhorta a no cometer el mismo error. El enfatiza el confiar en el Señor con todo tu corazón y no apoyarnos en nuestro entendimiento, reconocerle en todos nuestros caminos, entonces El enderezara nuestras sendas (Proverbios 3:3-6 parafraseado). El pueblo de Israel que salió de Egipto era guiado por la Gloria de Jehová. Números 9:20 explica que cuando la nube se paraba ellos se detenían, luego cuando el fuego se encendía ellos proseguían. Esto no ha cambiado aún. Mientras que Israel era guiado por la misma presencia de Dios, simbolizado por la nube y el fuego, nosotros tenemos el Manual Divino, La Biblia, para guiarnos en nuestro camino. Pero no solo poseemos uso de Las Escrituras, sino de ¡la misma presencia del Espíritu Santo! revelando y guiándonos.

Existen otros medios por los cuales el Señor amonesta y exhorta. Estos pueden ser las predicas, el profeta, sueños, hasta usa los no creyentes para exhortarnos. No existe excusa alguna para desviarnos del adquirido conocimiento de Dios. Cuando esto sucede, no debemos enojarnos por las consecuencias de la rebeldía y desviación (secuelas del pecado). Mucho menos enojarnos con Dios por la disciplina. Al contrario, debemos agradecerle por Su infinita misericordia ya que El usa nuestras debilidades (flaquezas, faltas) para que sirvan de espejos y evaluemos las áreas que debemos trabajar y fortalecer – hasta llegar a poseer la condición de un hombre maduro (Efesios 4:13b LBLA parafraseado). Salmos 125:1 anima a confiar en el Señor y afincarnos en El; profundizarnos en Su Sabiduría Divina para ser inconmovibles y permanecer para siempre (parafraseado).

El apóstol Pablo insta a pensar en los débiles y afirmarlos en el Señor. “Tened el mismo sentir unos con otros; no seáis altivos en vuestro pensar, sino condescendiendo con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión” (Romanos 12:16). Este pasaje indica la responsabilidad de ayudarnos los unos a otros. Sabiendo que pueden llegar días malos donde las fuerzas desvanecen y desmayamos. La Sabiduría Divina debe estar activa constantemente, aunque las fuerzas disminuyan, el conocimiento de Dios en nosotros nos afirma. Si algún hermano debilita en la fe, la Sabiduría Divina en nosotros lo fortalecerá hasta que este recobre fuerzas. No juzgando ni señalando, sino levantando manos y apoyando. Nadie está exento de perder fuerzas espirituales. Por lo tanto, ¡ayudaos y amaos los únicos a los otros en el amor de nuestro Señor y Salvador Jesucristo!



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